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Los Guancascos en Honduras

Los guancascos son celebraciones tradicionales de la hermandad entre pueblos vecinos, que se realizan desde hace trescientos años en la forma como los conocemos hoy en día. Son uno de los productos culturales del sincretismo entre la cultura Lenca precolombina y el Cristianismo del Siglo XVII. 

Solo se realizan en las zonas Lencas y en los espacios territoriales influenciados por estos pueblos. No existen en la zona oriental ni en los territorios al Este de la Gran Depresión Transversal de Honduras.

En el siglo XVI, los Lencas se encontraban en un proceso de conformación de cacicazgos que construían alianzas políticas, económicas y sociales entre ellos, con el objetivo de fortalecerse y ampliar sus zonas de influencia. Generalmente, el primer elemento que unía a los cacicazgos, de forma natural, era la lengua local, además de relaciones comerciales fluidas. Solo debían “hermanar” los espíritus protectores de los aliados, para garantizar el éxito en sus propósitos políticos. Los pueblos unidos por las ceremonias de hermandad se les llamaba “guancos”. Juntos atacaban a otros cacicazgos, y/o, a otros “guancos”.

Se sabe que antes de la llegada de los europeos a Honduras, los Lencas creían que cada poblamiento grande o pequeño, estaba resguardado por un Nahual, propio de la región. Este era una especie de espíritu o energía que provenía del río, la montaña o el volcán cercano. Según los Lencas, el Nahual era el dueño y gobernador auténtico de esa zona, y se le debía brindar manifestaciones de respeto y afecto en forma de sacrificios de animales y celebraciones adecuadas.

Durante la época precolombina las celebraciones predecesoras de los guancascos fortalecían la unidad y la confianza entre los cacicazgos participantes. El comercio, la generación de riqueza por medio de buenas cosechas y hasta la caza de animales emblemáticos, como los pumas y los jaguares, se estimulaban a través de las respectivas visitas a los sitios sagrados del Nahual, y sus tierras adyacentes. Eran una forma de materializar la alianza política, material y espiritual entre los pueblos que la llevaban a cabo.

Cuando los encomenderos españoles se establecieron en los valles del Occidente de Honduras, aprovecharon estas celebraciones para “hermanar” a los indígenas mexicanos que les acompañaban para apoyarles en el proceso de conquista, con los habitantes nativos que habían sido desplazados de sus tierras agrícolas. Estas celebraciones legitimaban el poder local frente a sus propias comunidades.

En los inicios de la tradición, eran los caciques, sus hijos y familiares, quienes participaban directamente en los guancascos. Posteriormente, estos eventos fueron circunscribiéndose solo en el ámbito religioso, reservando los asuntos políticos exclusivamente para las autoridades coloniales españolas. Actualmente estas celebraciones se han convertido en importantes atracciones turísticas para quienes desean conocer un poco sobre las formas de sincretismo y dominación cultural, del que fueron objeto los Lencas y otros pueblos originales del Occidente de Honduras.

 


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