Iglesia La Campa

Las iglesias sin párroco en Honduras

Los procesos de cristianización en América fueron muy variables de una región a otra, debido a las formas diferentes de organización social que mantenían los pobladores originales de cada región. Mientras en México existía un imperio muy bien organizado, en Centroamérica había una multitud de cacicazgos y otras organizaciones sociales menos avanzadas. Estos condicionamientos determinaron los procesos locales de evangelización.

En Honduras y Centroamérica, los frailes y sacerdotes misioneros observaban con una visión casi científica, las costumbres de los diferentes pueblos originales y los procesos que realizaban para resolver sus conflictos y superar las dificultades de su entorno. De esta forma aprendieron a pensar y sentir como los indígenas. Les llegaron a conocer tanto, que podían predecir muchas de sus reacciones individuales y grupales, ante distintos eventos.

Una forma muy efectiva para evangelizar consistía en cristianizar primero a los caciques locales y sus allegados, para que ellos sirvieran como agentes cristianos en sus comunidades respectivas. Los Lencas y los otros pueblos de la zona occidental de Honduras fueron influidos por los Mayas, en sus formas de organización social, lo que les convertía en poblaciones similares a las encontradas en los territorios Aztecas, donde se habían obtenido grandes éxitos en los procesos de cristianización realizados de este modo.

Un elemento fundamental para garantizar la cristianización de los pueblos originales del Occidente de Honduras, fue la construcción de ermitas y algunas iglesias notables, como el templo de San Manuel de Colohete. Estos espacios eran administrados por las autoridades locales, que en un principio estaban formadas por los caciques de los Pueblos de Indios y los encomenderos, gobernadores de los Pueblos de Españoles.

Al no contar con sacerdotes permanentes en sus localidades, los edificios servían como puntos de reunión para concelebrar las fiestas de los santos patronos y las fechas más importantes del Calendario Litúrgico Católico. Estas acciones mantenían viva la fe y la tradición cristiana, en ausencia de los misioneros quienes permanecían en constante movimiento a través de los territorios hondureños.

Desafortunadamente los grupos de habitantes nativos vivían dispersos, a lo largo y ancho de cada región, y si se sumaba a esto las dificultades para viajar, se puede entender por qué los misioneros católicos tardaron décadas en concluir algunos procesos de cristianización, en los territorios con menos dificultades. Es sorprendente encontrar en la Historia figuras emblemáticas como el padre Subirana, quien efectuó su trabajo de evangelizador-misionero entre 1856 – 1864, cuando ya Honduras era una república independiente reconocida.

El trabajo de cristianización en Honduras, como en otras partes de Centroamérica, nunca se concluyó durante la Colonia, debido a la inaccesibilidad de muchas zonas del territorio, los constantes conflictos entre la Corona Española y la Corona Inglesa, en regiones como la Mosquitia y la Costa Atlántica de Centroamérica, y la escasez de misioneros capaces de llevar a cabo esa durísima labor.


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