Pueblo marcala

Sincretismo religioso en el Occidente de Honduras

Como nunca encontraron el oro que esperaban descubrir en la provincia de Honduras, los hombres de Cortés y Alvarado exportaron a muchos Lencas y a otros pobladores nativos del Occidente de Honduras como esclavos, hacia lugares tan distantes como República Dominicana y Cuba.

Estos esclavos, fundamentales para explotar los recursos naturales disponibles y las tierras cultivables de los territorios recién conquistados, comenzaron a desaparecer en forma acelerada, inclusive en sus lugares de origen, como la zona occidental del actual Honduras. Las causas principales eran los tratos crueles e inhumanos aplicados durante las labores, las rebeliones y el aislamiento progresivo de algunos pueblos, como los tolupanes; y las enfermedades traídas de Europa, como la viruela.

Los administradores de la Corona Española emitieron leyes para proteger a los indígenas que quedaban, con el propósito de garantizar un repoblamiento en las regiones conquistadas. Era necesario garantizar un ambiente de paz efectiva, que no se conseguía con actividades militares. Se optó entonces por reeducar a las nuevas generaciones de habitantes nativos, para convertirlos en ciudadanos “gobernables”.

Los principales y directos encargados de este complejo y trabajoso proceso de reeducación y construcción de una nueva cultura e identidad, fueron los misioneros y sacerdotes de la Iglesia Católica destacados en las diferentes regiones de la Capitanía General de Guatemala donde aún existían poblaciones indígenas remanentes, como las zonas montañosas del Occidente de Honduras y la zona fronteriza de El Salvador, donde habían sido desplazados por los conquistadores.

Se concentró a los nativos dispersos en montañas como Celaque, dentro de pueblos y aldeas conformadas exclusivamente por indígenas. Los agentes de la Iglesia Católica (frailes y sacerdotes) utilizaron las diferentes costumbres y creencias de cada grupo social presente en estas reducciones, para generar nuevas tradiciones, costumbres y creencias de carácter cristiano. Las cuales, al ser practicadas de una generación a la siguiente, establecerían nuevas identidades culturales.

Así, en el transcurso de dos siglos, el culto hacia algunos santos, la Virgen y Cristo, y varios otros usos, tradiciones y costumbres cristianas, estarían plenamente afincados entre las poblaciones Lencas y demás pobladores originales de la región, gracias a su práctica sistemática y constante a través de los años, y por medio de relevos generacionales como ha ocurrido en los guancascos y otras coloridas devociones llevadas a cabo en algunos municipios con numerosa población indígena. Quizás este haya sido un exitoso proceso de sincretismo debido a las condiciones sociales que estaban viviendo los nativos de Honduras, la forma de sus creencias y tradiciones, y la tenacidad de los misioneros empeñados en evangelizarlos.


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