Apicultor

El maravilloso oficio de criar abejas

No se sabe a ciencia cierta, cuándo comenzó el cultivo de colmenas para obtener la miel de las abejas. Este alimento, fundamental en algunas circunstancias, se menciona en los libros sagrados más antiguos, como un símbolo inequívoco de bendición divina.

 Los apicultores fueron siempre personas extraordinarias, pues su labor gobernaba su forma de vivir y pensar sus propias vidas. Aunque las abejas sean organismos tan simples y distantes de los seres humanos, su convivencia con nosotros y su cercanía permanente, hasta ahora, ha determinado una relación comparable a la de los perros.

El apicultor es la persona capaz de comunicarse con estos insectos, en un nivel más allá del lenguaje conocido. Este puede conocer todas sus necesidades y también todas sus cualidades y características, como organismos vivientes, debido a la atención permanente y observación inteligente, de sus comportamientos y entorno biológico.

El apicultor cuida con esmero, durante todo el año, los diferentes ciclos de la colmena, cosechando la miel en cantidades que no perjudicarán a las colonias de abejas, y brindándoles sustento en forma de agua azucarada o moviendo los cajones hacia sitios y lugares más favorables. Manteniendo una vigilancia atenta frente a las posibles plagas y ataques de otros organismos.

Con el auge de la agricultura orgánica, la apicultura ha adquirido un nuevo y complejo rol, pues además de cumplir labores de polinización natural de plantas, y la producción permanente de miel, ahora sirve como indicador de los imperceptibles, aunque muy significativos cambios en el clima regional.

Las abejas cosechan, en cierta forma, lo que los humanos han sembrado, pues su vida normal y cotidiana está íntimamente ligadas a la agricultura, la ganadería y el desarrollo urbano. Cabe mencionar, que con la investigación de nuevos remedios contra enfermedades, se han asignado nuevos roles a las abejas, en su uso directo contra padecimientos como el reumatismo, y en su uso indirecto para producir nuevas substancias y materiales de origen biológico, contenidos en sus aguijones, saliva y en ese laboratorio viviente que constituye su abdomen.

Es muy importante que la próxima vez que visitemos un apiario y conozcamos a sus encargados, observemos con atención sus preocupaciones e ideas, pues la apicultura es una de esas actividades siempre originales, que nos conectan en forma sencilla y directa con la naturaleza, tal como la experimentaban nuestros ancestros, en las diferentes culturas alrededor del mundo.

Si las abejas cambian su forma de comportarse es simplemente, porque algo ha cambiado en el ambiente: Podría ser el clima y sus variables o la actividad de los humanos que conviven con ellas… lo cierto es que estos importantísimos insectos nos demuestran que es necesario tener compañeros en una aventura tan exigente, como la sobrevivencia en un planeta siempre cambiante.

 

 


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