garza humedal

La durísima vida de las garzas

La figura longilínea de las garzas es inconfundible, pues están presentes en casi cualquier lugar del mundo, donde puedan alimentarse y anidar. ¡Y en esas actividades son realmente especialistas! Las garzas pueden comer casi cualquier otro organismo. El único obstáculo real es el tamaño de la presa, y quizás algunas condiciones especiales en algunas, como la presencia de venenos, espinas grandes y duras o aguijones.

Estas elegantes aves están adaptadas a condiciones de vida extremas, pues anidan en los lugares más peligrosos y recónditos de los pantanos; aquellos espacios rodeados de cocodrilos y otros animales feroces. Así logran evitar la exposición hacia depredadores importantes cuando están jóvenes, como los halcones, las culebras, los lagartos e inclusive, el ser humano. Sobreviven muy bien a desastres naturales frecuentes en los espacios donde viven, como los huracanes en los humedales, y las terribles sequías en los ámbitos continentales interiores. Tienen una gran resistencia física para volar grandes distancias, en busca de mejores condiciones para vivir. Generalmente producen una cría al año, aunque hay algunas que logran dos crías.

¡Jamás se debe intentar ayudar a una garza en peligro! Son aves sumamente agresivas y sumamente fuertes, a pesar de su grácil figura. Con su pico, fuerte y contundente como un picahielo, pueden causar un gran daño en cualquier parte del cuerpo de un ser humano; sus alas pueden generar una gran fuerza, y sus largas patas también. Las garzas están perfectamente adaptadas a vivir en medio del peligro, basta con observar el entorno donde nacen y crecen, e imaginar todos los peligros que sortean a lo largo de su vida.

¡Las garzas son un notable ejemplo de cómo la elegancia y las buenas maneras, se pueden mantener, aun en los lugares más lodosos, incómodos y tétricos!


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