Elefanta tatuadora

Técnicas para tatuar

Los primeros instrumentos para tatuar consistían en varas de madera endurecida con fuego, cañas de bambú o cualquier otra planta con tronco hueco; espinas variadas, como las del maguey en Mesoamérica; huesos de pequeños animales; dientes de tiburón y espinas de peces; conchas de tortugas; hasta algunas piedras densas y afiladas, como la obsidiana, cristales de cuarzo u otros objetos duros como el vidrio, obtenidos en el entorno natural donde se habitaba; con el propósito o función principal de perforar la piel, para introducir pequeñas cantidades de tintas o colores también elaborados a partir de materiales disponibles en el medioambiente.

La tinta más antigua que se conoce era el negro de humo, obtenida a partir de las cenizas que se acumulan en el techo de una cueva, cuando se enciende una fogata adentro. Este material se utilizó por casi todos los pueblos originales de toda región en el mundo prehistórico y en los inicios de la escritura, pues era fácil de producir. Sin embargo, algunos de estos “negros de humo”, variaban su tono una vez introducidos en la piel, según fuera la materia combustible utilizada para la fogata, los minerales de la piedra del techo de la cueva, y la reacción de la misma piel hacia la ceniza transformada en tinta para tatuar.

Otros pigmentos utilizados para decorar el cuerpo en forma permanente son la cáscara quemada de nueces oleaginosas, mezcladas con aceite de coco y agua, tinte desarrollado en Oceanía; la ceniza con jugo de caña de azúcar, en Indonesia; el índigo, tinte azul elaborado en Tailandia a partir del procesamiento de algunos lagartos crudos; la ceniza mezclada con grasa animal y pigmentos vegetales; el antimonio combinado con cebada macerada y melón, se utiliza ampliamente en el Norte de África, donde además se cree en la propiedad curativa de la leche de mujer, para desinfectar y fijar el tatuaje.

Los tatuadores profesionales actuales utilizan pigmentos minerales unidos al dióxido de titanio y/o el óxido de hierro como base. Siempre se están elaborando nuevos tintes, pues existe la necesidad de desarrollarlos para aquellas personas quienes desarrollan alergias hacia algunos de ellos. Los Mayas utilizaron compuestos minerales como el cinabrio o sulfuro de mercurio, los cuales son sumamente tóxicos, aunque poseen un color rojo muy hermoso.

 


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