El Ferrocarril Nacional de Honduras, un sueño imposible

Los inicios de el Ferrocarril Nacional de Honduras se remontan a los últimos años de la República Federal Centroamericana, cuando se buscaba un proyecto que permitiera la comunicación efectiva entre los puertos en el Mar Caribe y los puertos en el Océano Pacífico, en la región del istmo. Los primeros gobiernos de Honduras se plantearon la realización de algunas vías de comunicación que integraran las diferentes zonas geográficas del territorio nacional, sin llegar a un proyecto concreto. Sería hasta en el gobierno de don José Trinidad Cabañas Fiallos, en 1852, cuando se llevaría a cabo el primer esfuerzo real y organizado, para crear una vía de comunicación, dentro de las ideas para modernizar el Estado de Honduras. El representante de Estados Unidos de América para Centroamérica, Ephraim George Squier formó un equipo técnico para que elaborara un estudio sobre la factibilidad de un ferrocarril interocéanico que cruzara el territorio de Honduras.

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En un principio, el Ferrocarril Nacional desarrollado “en el papel” tendría su tramo fundamental a través de la Gran Depresión Transversal de Honduras, lo cual permitiría desarrollar todos los terrenos en sus inmediaciones, dentro de un eje Norte-Sur. Posteriormente, se construirían ramales hacia el Occidente y el Oriente, lo cual desarrollaría la producción y el comercio en los valles interiores del país.

Squier solicitó una concesión para él y sus socios y se comprometió a realizar todas las gestiones necesarias para reunir los diferentes componentes técnicos, financieros y políticos. Desafortunadamente, el consorcio que proyectaba la construcción del canal interocéanico en Panamá, bloqueó todas las iniciativas de Squier y sus socios en EE.UU., lo cual le impulsó a buscar socios en Europa.  Fue así como empezó el proyecto del Ferrocarril Nacional de Honduras, en 1856.

El principal obstáculo para su realización del Ferrocarril Nacional fue siempre la poca capacidad para gestionar los fondos necesarios o firmar contratos con inversionistas especializados en el negocio ferrocarrilero, por parte de los diferentes consorcios que asumieron la responsabilidad, en diferentes momentos a lo largo de casi cien años de actividades.

Las tramas políticas ocurridas entre los promulgadores de una unión centroamericana y sus correspondientes detractores, desaceleraron y entorpecieron los esfuerzos gubernamentales encaminados a lograr la construcción de esta infraestructura. Sumado a esto, el poco conocimiento técnico y financiero de los negociadores hondureños, sobre el negocio ferroviario, condujo lenta pero inexorablemente hacia un creciente endeudamiento y una constante postergación del proyecto.

Finalmente, el Ferrocarril Nacional es recordado como el primer gran acto de corrupción que afectó en formas efectivas aunque poco visibles, a la mayoría de la población y al desarrollo económico del Estado de Honduras, manteniendo varias regiones incomunicadas y postergadas hasta los últimos años de la segunda mitad del siglo XX.

El Ferrocarril Nacional de Honduras fue un proyecto perpetuo, una aspiración nacional heredada de un gobierno al siguiente y de una generación a otra, durante más de un siglo. Es quizás el sueño de desarrollo económico y social, incumplido, más importante en el imaginario colectivo y en la Historia de Honduras.


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