No sería exagerado afirmar que gracias al uso de yuntas con bueyes, surgieron las civilizaciones de la antigüedad. Según la Arqueología, esta tecnología apareció hace seis mil años en Sumeria y Egipto, y fue el avance cultural más importante durante varios siglos, al aumentar la producción de alimentos y utilizar menos personas para la agricultura.

Descubierto quizás por casualidad, resultó que los toros sin testículos eran más dóciles, corpulentos y manejables para las labores que implican fuerza y control de movimiento. Una yunta depende también del diseño del yugo y las maderas con las que fue fabricado. En un inicio, el arado se elaboraba combinando maderas duras y flexibles. Al dominarse la forja de metales, se cubrió el órgano de trabajo con una reja de hierro que lo hacía más resistente y duradero.

Los bovinos son la familia de mamíferos más utilizados alrededor del mundo, para labores de labranza de tierras y tracción de cargas. En muchos lugares constituyen la única opción económica y ecológica para cultivar en terrenos de ladera muy inclinados, pesados e irregulares. Actualmente, se emplean en combinación con tractores y otras tecnologías, lo que aumenta la eficiencia y efectividad de las labores agrícolas.

Los bueyes pueden establecer vínculos emocionales con el tayacán o bueyero, y este puede conocer el carácter y los estados de ánimo del buey durante las muchas horas que laboran en conjunto, como un instrumento de labranza.

Los tayacanes y sus bueyes, han inspirado una notable cantidad de poesía y relatos, pues es muy conocida la especial relación que se entabla entre el animal y el hombre que lo conduce. Algunos tayacanes conocen tan bien a sus bueyes que son capaces de modificar el estado de ánimo de estos, mediante pequeñas recompensas con granos, hojas, sal y otros alimentos.

Lo usual en Honduras es la tenencia de una yunta de bueyes, por familia dedicada a la producción de granos para subsistencia. Además, es un recurso económico para el futuro, pues el buey es un animal cuyo valor aumenta con el tiempo de trabajo, gracias a que la calidad de su carne mejora debido a los esfuerzos que realiza mientras hala del arado.

Existieron algunos hacendados que llegaron a mantener hasta veinte yuntas con bueyes, para atender sus cultivos de montaña y “de bajío”, halar madera y piedras, mover los trapiches para moler caña de azúcar, o simplemente para alquilarlos a sus vecinos. Con la introducción de los tractores y las nuevas tecnologías para preparar los suelos agrícolas, el uso de las yuntas de bueyes se ha relegado a los terrenos menos extensos, pero más difíciles de laborar.

Aunque cada vez son considerados una reliquia cultural para la mayoría de la gente, el tayacán y sus bueyes probablemente representarán en un futuro lejano, el símbolo de muchas ideas y aspiraciones que definen lo humano, como la fuerza e inteligencia combinadas; la paciencia y la constancia en el esfuerzo; la persistencia en el propósito, a pesar de la dureza del terreno o simplemente, la amistad entre algunos animales y los humanos que convivieron con ellos.