Uno de los primeros sitios hondureños en donde se identificaron yacimientos de plata durante la época colonial, fue en los cerros cercanos al Nororiente del Distrito Central, donde hoy se encuentra ubicado el municipio de Santa Lucía. Los dueños de los terrenos en donde se localizaron estos minerales vivían en Comayagua, pues era esta la ciudad más importante de Honduras al tener en ella su sede, el Obispado y el gobierno central de la provincia, principales entidades políticas y sociales en esa época.

Siempre hubo muchas dificultades y problemas para explotar adecuadamente las minas de Santa Lucía: Eran insuficientes o simplemente no estaban a tiempo los principales insumos como el azogue para extraer la plata, las herramientas o la mano de obra necesaria para efectuar las labores; el clima y lo escarpado de los terrenos hacían también su parte para ralentizar aún más los procesos de extracción y transporte. Finalmente, las conflictivas circunstancias políticas que implicaba el enfrentamiento del Imperio Español con el Imperio Inglés terminaban de complicar la comercialización y el transporte de la plata refinada, pues una buena parte de la producción se contrabandeaba o simplemente era robada por los piratas.

A pesar de todas esas dificultades, la producción de plata, oro y los otros metales que casi siempre les acompañan en los yacimientos, fue aumentando en cada ciclo sucesivo hasta alcanzar su momento de mayor auge y producción sostenida, entre los años de 1730 a 1750. Esa fue también una época importante para quienes trabajaban directamente en las minas, pues junto a la extracción de la broza, sus familiares desarrollaron algunas actividades económicas conexas específicas, como la ganadería; la agricultura, la talabartería, la herrería, la carpintería, la fabricación de artesanías y el comercio que se lleva a cabo en donde hay núcleos de población permanente.

Lamentablemente para sus pobladores nativos y extranjeros, las minas de Santa Lucía y de otros yacimientos importantes en el siglo XVIII, como los ubicados en Yuscarán, San Antonio de Oriente y Ojojona, ya no eran explotables con las tecnologías disponibles en los inicios del 1800. El poco mineral que se podía obtener producía un débil impulso económico y escasos beneficios para la gran labor que requería la actividad. Había terminado el primer gran ciclo minero en la región más rica de Honduras.

Casi un siglo después, con el surgimiento y establecimiento de la New York and Honduras Rosario Mining Co., se reactivaron algunas minas de Santa Lucía y alrededores. Este nuevo momento de empuje económico terminará en 1954, con el cierre de las actividades mineras de la compañía. Sin embargo, las actividades conexas permanecerán hasta nuestros días: La horticultura y la producción de muchos alimentos; la floricultura; las ganaderías, el comercio y la producción de artesanías.