En números anteriores habíamos comentado sobre el origen etimológico de algunos indigenismos o palabras nativas de América, adoptadas por el español. Continuando con esa línea, sobre el legado indígena en nuestro idioma, esta vez quiero agregar un poco de cultura popular a la etimología de las palabras.

Al leer sobre la palabra “tamal” que surge del náhuatl “tamalli” y quiere decir “envuelto”, me encontré con la interesante historia popular sobre la evolución de este delicioso y quizás el más representativo platillo de la cultura indígena de América Latina. Los “tamallis” o “tamales”,  se conocen y disfrutan desde México hasta América del Sur y en algunos países de las Antillas, ¿Por qué compartimos este mismo platillo, tantos países? Pues debido a nuestra ancestral cultura culinaria basada en el maíz.

El tamal se concibió en un principio, como una masa hecha con maíz cocido y triturado, el cual era envuelto en hojas; de allí su nombre “envuelto”. Pero ustedes dirán que el “tamalli” es más que una masa de maíz cocida y envuelta. Es aquí donde entra el ingrediente interesante de la historia..

Cuenta por ahí, alguna de esas verdaderas joyas de la investigación culinaria, que el “tamalli”, tal como lo conocemos ahora, es el producto del maridaje entre la cocina indígena y la colonial. Se cree que los esclavos indígenas se agrupaban con sus “tamallis” en las cercanías de las cocinas coloniales, esperando el momento en que los sobrantes de los banquetes aparecieran. Así recogían arroz, garbanzos, algún trozo de carne, chiles, etc.

Estos sobrantes de las cocinas españolas los envolvían con sus “tamallis” y los llevaban a sus casas para compartirlos en familia.

Al probar aquella masa con mezcla de diferentes alimentos, los españoles maravillados, aprendieron de los indígenas a prepararlos en sus casas. ¡Ahora a romper la dieta y comerse un pequeño “tamalli” de aproximadamente 450 calorías!