Es una frase tan popular, sin embargo, muy pocos conocen lo interesante de su procedencia: Craso, Pompeyo y Julio César conformaron el primer triunvirato romano. Craso, pese a ser el hombre más rico de Roma no contaba con la misma gloria militar o popularidad que Pompeyo o Julio César.

En su búsqueda por alcanzar más riquezas y gloria, se embarcó en al peor decisión de su vida: encaminó una gran campaña militar al mando de sus ejércitos, en contra del Imperio Parto. Fue una campaña sin la planificación adecuada, donde todos sus generales y amigos le advirtieron de los peligros de realizar tal hazaña. Sin embargo, Craso cerró ojos y oídos a las advertencias.

En la batalla el primero en morir fue Publio Craso hijo y los partos cortaron su cabeza y la clavaron en una lanza para ser exhibida ante los romanos. El ejército se desmoralizó ante la fiereza de los partos y Craso, tratando de detener la eminente matanza, quiso dialogar con los partos, pero estos le mataron y tomaron al resto de sobrevivientes como esclavos. Cuentan algunos historiadores que el cuerpo de Craso fue bañado en oro líquido, por los partos, como castigo a su desmedida ambición…

Fue un gran error el cometido por Craso, al ir tras las riquezas del Imperio Parto, de una forma apresurada, sin planificación alguna, con exceso de confianza. Por eso y en su nombre, cada vez que no escuchamos consejos ante lo evidente, estamos cometiendo un “Craso error”.